Ayer posé para una foto familiar pensando en ella. Hoy tengo resaca y no presumo. Hoy quisiera terminar de escribir un cuento y mañana despertar con mis sueños hechos realidad. Ya estoy cansado de estar dolido. Recibo sus mensajes con alegría y tristeza. Es triste imaginarla hablándome así: espontánea, risueña y con sus hermosos ojos puestos en mí, deseoso. Es triste saber que me quiere y no me ama. Es alegre saber que sigue siendo mi amiga. Volteo hacia atrás, buscando lo que no fue. Le ruego a la luna que me guíe hacia donde ella está. Le pregunto al viento si viene de rozar su piel. Camino acompañado de penas. Le he mentido, no es la tercera persona que conozco capaz de hacerme imaginar innumerables momentos de felicidad. Jamás conocí a alguien como ella. Es la primera mujer que me ha acercado al cielo, mientras que aguarda por mí el infierno. Lo sé, tengo hogueras en mi conciencia, a veces calientan demasiado y toca a mi puerta el peligro. ¡Qué has hecho con tu vida!. Me olvido de todo. Me olvido que tengo borradores aguardando su morfología, que había empezado a soñar con más fuerzas, que tengo nuevos amigos, que había desenterrado mis memorias, que tengo secretos disimulados en mi vanidad. Y sin embargo abro la puerta. Y sin embargo la cierro inmediatamente. Imagino el llanto de mi madre al encontrar el cuerpo sin vida de su segundo hijo, imagino a la mamá de mi hijo, muchos años después, contándole los verdaderos motivos por los que decidí abandonarlos. Sopeso alternativas y me pregunto si es verdad que quiero desaparecer de este mundo. ¿Qué parte de mí, la vida le apesta? ¡Cómo no sentirme así, si siento que encontré demasiado tarde a mi alma gemela!. ¡Cómo ignorar este sentimiento, si sé que encontré en ella a mi equivalente!. Me acerco a mi biblioteca y contemplo los libros que he leído. Los abro uno a uno. Empiezo por los que más momentos felices me han regalado. Sonrío con tristeza leyendo algunas líneas: “Sus ojos se perdían en la contemplación de su propio dolor...”; “la miraste a los ojos para ver si no te engañaban los oídos...”; “Había descubierto con desgarrador asombro, que de nada le valía la interminable sarta de fuetazos con que se autoflagelaba en sus torturadas noches de amor”; “...una temporada que tan mala llegó a ser, que echábamos de menos el tiempo pasado que tan duro nos parecía cuando no lo habíamos conocido peor” “...había vencido esa prueba heroica y Flora lo estaría esperando con los ojos brillantes. Se abría, frente a él, un porvenir dorado” Y extraño mis 15 años en Las Brisas, a Milena, a Gissela, a Beatriz, las tardes deportivas con mis amigos, el pasaje El Rosario, los carnavales con ropa blanca, las noches en la azotea, las rivalidades excitantes, los atardeceres escuchando música en la esquina de nuestra calle, las botellas borrachas bajo la luna, los besos robados, la playa, la inspiración, los plagios solapados a Bécquer, las visitas de mi padre, mi diario. Tal vez nunca como antes me he sentido tan solo. Mi madre tiene un empleo de horario nocturno, mi hermano regresa a casa pasada la medianoche y yo tengo deseos de portarme mal para sentir que existo. La muerte me seduce. ¿Tan deprimido estaré?. Cierro los libros. El polvo me produce estornudos, pero no los limpio, soy un alérgico de mierda.Tal vez he empezado a hacer muy tarde lo que por añadidura me correspondía. Debo de haber olvidado mis instintos en una pesadilla. A mis intuiciones nunca les hice caso (hasta hoy) a pesar de que siempre aciertan. Debí saber que me volvería a enamorar. Nunca debí dejar de escribir poemas. En mi casa, han aparecido hormigas diminutas, las encuentro en todos lados, en la cocina, en mi escritorio y hasta en la mesa del comedor. Hoy, antes de matar a una con el dedo, sentí como si yo mismo intentara aplastarme. Algún día lo haré o todo lo contrario, algún día publicaré un libro que podré lucir en mi biblioteca. La soledad me ha puesto triste. Eso es todo. La soledad me recuerda a ella. ¡Cómo no amarla si sólo ella ha leído todo lo que yo he escrito!.
Lavaré los platos en este mismo instante, de esa manera me gano el almuerzo sin que mi vieja reniegue de mí. Eso sí, nunca saco la basura, siento que aún no es hora de irme.
2 comentarios:
Ohh! me gustó mucho este post, asumo como cierto lo que cuentas y la verdad no estoy tan de acuerdo con tus apreciaciones con respecto al momento que estás pasando.
Yo creo que el amor no se mendiga, y si fueran "almas gemelas" pues tambien sentirían lo mismo no? y por lo que he leido ella solo te quiere como un "amigo" y creo que tu deberías hacer lo mismo :)
SALUDOS, MANUEL
Manuel tiene razón, y talvez el mismo rechazo hace que te aferres más a esa chica.
Date tiempo para leer libros que no te hundan en la miseria, sino que te hagan apreciar cada segundo de vida. Tienes muchas cosas por hacer.
Muy aparte, escribes muy bonito.
Saludos.
Publicar un comentario