Tengo una guitarra colgada de adorno en la pared de mi cuarto. No sé tocarla y me deprime. Aunque creo que me deprime más porque me recuerda a Camila. Una amiga de la que me he enamorado y con quien no sé si me gustaría estar juntos para besarla y abrazarla o para que me lea sus poemas y todo lo que escribe cuando se inspira. Ella, no sé. Es un amor raro. Prometí prestársela pero nunca lo hice, no sé por qué. (o no quiero saberlo). La guitarra es de mi hermana. No pudo llevársela a EE.UU y aún le entristece no poder tenerla consigo. Creo que esa guitarra es el símbolo de nuestras penas. Está colgada de un clavo de manera vertical, a veces se dalea (todos los días la observo) y de seguro mi vieja la acomoda. Me apena verla, pero no puedo ignorarla. A Camila le alegró saber que se la prestaría y dijo que ella misma le compraría las cuerdas que le faltan (yo se las presté a una amiga hace tres años y nunca me las devolvió). Pero, a decir verdad, esta semana he estado triste por muchas penas más, que la imagen de la guitarra ayuda a desgarrar. Primero, que me he visto al espejo y me he descubierto una malformación en mi omóplato izquierdo y que pienso narrarlo en un cuento. (Un año de estos voy a cometer la vulgaridad de ponerme a escribir cuentos, dice uno de los personajes del libro que estoy leyendo. Es poeta, yo antes fui poeta) Los doctores que me atendieron me parecieron unos perfectos idiotas. Ahora sólo estoy esperando los resultados de mi examen de bk para después seguir o no un tratamiento. Segundo, porque he empezado a estudiar inglés y me deprime muchísimo tener que hacerlo. (No sé específicamente por qué). Escogí el horario de 7:30 a 9:30 de la mañana, pero desistí al segundo día porque no puedo levantarme tan temprano, sobre todo si me acuesto a las 2 de la mañana. Ahora estoy en el turno de la tarde. El recuerdo de las clases de mi profesora (de inglés) Carla Reyes, regresaron a mi mente del mismo modo en que la noche iba llegando, oscureciendo el aula del centro de idiomas, suave y melancólicamente. Ella me enseñó en quinto de secundaria y yo, mozalbete, me enamoré de ella, ya ni estoy seguro si porque era bonita u otra cosa. Le escribí 16 poemas que se los regalé a fin de año. (todo un record). Y cuando volví a verla en la fiesta de promoción de mi hermano, me los recordó y me confesó con cariño que aún los conservaba. El último decía así: Cuando lea estas palabras, se que volará por los cielos/ y dichoso seré, porque sé que yo la acompañaré en su sueño / será una cita con usted en el lugar más bello / donde entraré en su forma de ser / y se cumplirá mi más suspirado deseo. No supe que decirle (como siempre). Tercero, porque se acaban las clases en la Universidad y estoy haciendo - demasiado tarde - lo que debí hacer desde los primeros ciclos: socializarme y unirme a la lucha de varios objetivos (comunes). Esto lo debo íntegramente a la labor que realicé en el diario La República, por eso tengo el ligero sentimiento de que aún estoy en deuda con ellos. Pero a veces siento que estoy en falta hasta conmigo mismo. En fin, pienso redactar un artículo que haré llegar a todos los alumnos de mi escuela. Y claro, también me apena la idea de dejar las aulas y sobre todo saber que ya no veré a mis amigos. Y cuarto, porque he sido duramente criticado por mis amigos Renato Vasallo y Carlos López a quienes les decepcionó mi post “Conversación retrospectiva”. Les dije que desconfío de ellos porque uno es músico y sabe poco de literatura y el otro es actor y sólo lee dramas, además de escuchar programas artísticos. Aún así prometí modificarlo. Tal vez por eso a veces (miento, siempre) extraño a mi amiga Camila. Tal vez ella cuidaba no herir mi susceptibilidad cuando me criticaba. Me daba recomendaciones (hoy leo un libro que ella me sugirió) me dejaba comentarios, respondía mis cartas y yo, imaginaba que me susurraba al oído.
Bajaré la guitarra de mi hermana para limpiarla, es lo único que puedo hacer con ella. Leeré los poemas que le escribí a mi profesora Carla, lo haré rápido para no insultar a los real visceralistas, a diferencia de ellos yo anduve alejado de la cultura literaria, fui un iletrado. Me entrevistaré con representantes estudiantiles, tengo muchas ideas que proponerles, me queda un mes. Redactaré un reportaje para presentarlo en el diario (ojalá lo acepten). Leeré las cartas de mi amiga Camila a quien extraño muchísimo (aunque no sé si me atreva), es lo único que me queda de ella, además de su dolorosa ausencia. Y todas las noches, antes de acostarme, rezaré un padre nuestro y un ave maría, para que el mal que tengo no sea maligno. Y si estoy muy cansado, me persignaré dos veces, lo prometo, no me quiero morir a pesar de estar triste.
Bajaré la guitarra de mi hermana para limpiarla, es lo único que puedo hacer con ella. Leeré los poemas que le escribí a mi profesora Carla, lo haré rápido para no insultar a los real visceralistas, a diferencia de ellos yo anduve alejado de la cultura literaria, fui un iletrado. Me entrevistaré con representantes estudiantiles, tengo muchas ideas que proponerles, me queda un mes. Redactaré un reportaje para presentarlo en el diario (ojalá lo acepten). Leeré las cartas de mi amiga Camila a quien extraño muchísimo (aunque no sé si me atreva), es lo único que me queda de ella, además de su dolorosa ausencia. Y todas las noches, antes de acostarme, rezaré un padre nuestro y un ave maría, para que el mal que tengo no sea maligno. Y si estoy muy cansado, me persignaré dos veces, lo prometo, no me quiero morir a pesar de estar triste.
2 comentarios:
No puede ser tan dura tu vida. Vamos.. limpia esa guitarra, busca a Camila, ríete de tus amigos... y bueno, si estás enfermo, eso se cura con dedicaión y tranquilidad... no crees?..
Arriba ese ánimo!
=)
Esa Fermina! siempre tan animadora! como dijo no se quien: "ánimos! Mañana será peor!!!"
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