sábado, 8 de agosto de 2009

Yaco


Ya no demora en venir a pegarme... como que está demorando mucho... llevo un buen rato escondido debajo de esta banca… Hace años yo fui feliz, ahora mi vida está confinada a estas cuatro paredes. Desde que Ferna se fue, mi existencia se convirtió en un suplicio, ahora estoy al cuidado de sus padres, ellos me alimentan y cuando pueden me bañan. Mi única obligación en esta casa es cuidar que ningún extraño se acerque a ella. Ya ni sé por qué, pero creo que esa es la única diversión que me queda. Se acabaron las salidas al parque, los paseos a la playa y las visitas. Ahora sobrevivo asustando a la gente. Me da mucha risa ver la cara de pánico que ponen cada vez que me ven cuando pasan por aquí. ¿Tan feo seré? Yo sólo me paro en la puerta y les grito ¡largo!, ¡largo!, ¡largo! y ellos hasta saltan del susto que les doy. Después me río solito recordando las caras que pusieron. Pero yo sinceramente ya no sé que hacerme... a veces preferiría morirme. Me deprime mucho soportar sus golpes. Al comienzo, ella me pegaba porque encontraba mi caca en el piso, renegaba porque tenía que limpiarlo y me agarraba a palazos. Antes Ferna me abría la puerta y me dejaba salir a la calle. Él conocía la hora en que me daban ganas, era un buen amigo. Dicen que se fue a un lugar llamado Olmos a trabajar, lo cierto es que desde ese día mi vida se volvió amarga y triste... Como no había nadie que me abra la puerta después que él se fue, debía aguantarme y esperar a que alguien saliera, pero apenas me veían afuera me gritaban que pase. Hoy ya me resigné a los golpes. No los entiendo, son un par de idiotas. Con ella aprendí que debía hacer mi caca en otro lado y bueno, no me quedó otro lugar que el jardín, se alegró mucho, como nunca lo hace, e incluso me hizo algunos cariñitos, sin embargo ahora me arrepiento y preferiría que siga siendo ella la enojona, la decepcionada de mí, sus golpes son menos dolorosos. Y es que él, cada vez que sale al jardín por las tardes, caminando dando pasitos que dan pena y se pone a regar y a arreglar sus plantas, termina enfureciéndose conmigo. ¿Quisiera saber cómo hacer que me entienda?. Todo es que encuentra un mojón mío al lado de sus plantas y cambia tanto que parece alma que se la lleva el diablo, se enfurece demasiado y con lo que encuentra me golpea, luego limpia mi caca insultándome, gritándome y renegando tan feo que me hace temblar del miedo que me da. “Con tanto esmero que cuido mi jardín para que tú vengas a joderlo eh! aprende!, aprende!" me dice y plumm, me cae una lluvia de golpes que debo soportar... ¿Es que acaso no pueden entender que lo único que quiero es que me abran esta maldita puerta, acaso creen que me voy a escapar, acaso alguna vez he hecho algo estúpido?... Creo que mi vida ya no tiene sentido y aún me faltan tres años para morirme, ellos me hacen pensar de esta manera, ahora ya ni siquiera puedo orinar sin miedo a que me hagan algo, al comienzo cuando escogía la pared para hacerlo, ella venía y me daba unos jalones de oreja tan fuertes, que parecía que me las iba a arrancar, despotricaba improperios contra mí maldiciendo el día en que vine a esta casa, renegando del olor que producía mi orín y maldiciéndome por las manchas que dejaba en la pared; fue entonces cuando escogí equivocadamente mear en los maceteros. Ese fue quizás el peor error de mi vida, suponer que orinar ahí era ahorrarle el trabajo a él, que siempre sale en las tardes con su jarrita; pero cuando descubrió que sus plantas estaban mojadas con mi pichi y me vio allí a su lado muy alegre, esperándolo a que me felicite, me quedó mirando con una sonrisa falsa, simuló el muy ladino querer darme una caricia acercándome su mano muy suavemente y de pronto, en menos de una milésima de segundo, lo veo trasnformado en un embrutecido energúmeno que me zambulle de cabeza en el balde de agua, ahogándome de pura rabia y dejándome casi al borde de la muerte. ¡Maldito curtido, cuando vas a aprender a respetar mis plantas! me dijo agobiándome con sus insultos. Cuando al fin me soltó, yo di un brinco del susto y me fui a esconderme debajo de esta banca... Extraño a Ferna, debería morirme, pero tengo tanta vida que no estoy seguro si de verdad aún me faltan tres años para que me entierren... los días que más sufro son cuando llega hasta aquí el olor de una hembra, me desesperó por ir tras ese delicioso aroma que me llama y me llama mañana, tarde y noche, pero me es imposible salir de aquí y agonizo de impotencia al no poder quitarme estas ganas… lo que más cólera me da, es verles las caras a estos idiotas cuando creen que son buenos conmigo y me traen agua solamente porque me ven todo el día con la lengua afuera. “Calma tu sed Yaquito” me dicen dándome una palmada en la nuca, sin imaginar que mi única sed es de libertad... ¿No habrá nadie por aquí que quiera darme bocado?, a veces le hablo al joven de al lado, ese que todas las noches se sienta afuera con una de esas cosas que lleva consigo la señorita Greyci cada vez que se va a ese lugar llamado colegio, pero él sólo me mira y me mira y yo a veces veo en sus ojos un viso de esperanza, de que me ha escuchado, de que me va a ayudar, de que me abrirá estas puertas de desconsuelo, pero nunca lo hace, nunca sucede un milagro, siempre se queda ahí, en su lugar, callado y no hace nada, no dice nada, sólo observa y calla como diciendo pobre perro, la vida que le ha tocado, como si yo quisiera que me compadezcan, como si yo quisiera más pena de la que siento por mí mismo... acaban de abrir la puerta, debe de ser él, ahora mismo me pegará, ahora mismo se dará cuenta de que le he cagado y meado sus plantas y me pegará, si quiere hacerlo tendrá que sacarme de aquí, se sorprenderá de verme debajo de esta banca, tengo tanto miedo que creo que me voy a orinar, nonono...


3 comentarios:

Atenea dijo...

Permíteme expresar lo que pienso, hay libertad de expresión no? Bueno, creo que cada vez te perfeccionas más en hacer que el lector de tus historias se iden tifique y hasta se encarne en ellas, eso me gusta. Te recomiendo leas y alguna vez no muy lejana, escribas, un libro como El niño con el pijama de rayas, de Jhon Boyne, creo que tu obra sería un boom. Gente de fuera y reconocida te alentaría mucho, tú sabes, gente que aprecia la lectura y no actúa como...drácula cuando le muestran la cruz.

A propósito, tu carta volandera en su primera edición llamada "Mejor que tú" se la envié a mi padre, quien ahora frecuenta a mi hermano más seguido, espero lo siga haciendo.

Éxitos.

Silvani Reyes-Vassallo dijo...

Pobre perro! LA gente es muy abusiva solo porque pueden sonreir y ellos no... ja! q gran beneficio!

Hay un libro que habla de toda la vida de un perro.. no recuerdo el nombre, pero se que es nuevo...

Anónimo dijo...

Que pena, es patético.
"No lo que usted escribe,sino lo que usted es"