sábado, 30 de mayo de 2009

El pato y el pollo

En el corral de una familia lambayecana, vivían un pato y un pollo que no se llevaban muy bien. En lo único que coincidían era en que ambos tenían la certeza de morir jóvenes, sin haber tenido hijitos (pollitos y patitos). Y se aterraban tanto cuando a la puerta del corral aparecía la dueña de la casa, que corrían atarantados sin saber en dónde esconderse. Conocían bien cuál había sido el destino de cada uno de sus hermanos y se imaginaban que ocurriría lo mismo con ellos:

- Tú iras a la olla primero!,- le gritaba el pato al pollo, furioso de no poder atraparlo las veces que le robaba el maíz y lo dejaba sin alimento.
- ¡Al menos quiero comer bien y gozar el tiempo que me queda de vida!, le replicaba mofándose el pollo, quien siempre sacaba ventaja de su agilidad para correr.

El pato enfurecido trataba siempre de picotearlo, pero nunca lo alcanzaba y el pollo se burlaba de él a carcajadas diciéndole:

- ¡No sirves para nada pato rechoncho, jaja, no sirves para nada, jaja!

Una tarde nublada de febrero comenzó a llover muy fuerte.
Por temor a que los ladrones entren de madrugada al corral y se roben los animales, la dueña de la casa siempre los arreaba hasta su cocina y los guardaba; sin embargo aquel día nadie vino por ellos; ella, el señor de la casa y sus hijos, buscaban la forma de impedir que el agua se colara por los techos y malograra sus pertenencias. Los ladrones, por su parte, vieron mojadas sus expectativas.
El pollo asustado y con pánico, veía como el pato flotaba con astucia en la laguna que se había empezado a formar. Lo observaba nadar libremente, como si lo hubiese hecho en toda su vida y él no recordara cuando. Y mientras tanto a él, el agua, poco a poco lo iba cubriendo. Y cuando ya no resistió más y empezó a hundirse, rogó al cielo que la dueña de la casa venga a rescatarlo y pueda disfrutar un día más de vida, pero nunca llegó.
Al día siguiente, el pato, que aún nadaba en el agua, feliz por el regalo que había caído del cielo, echo de menos a su enemigo el pollo. Lo buscó, viendo sorprendido lo que había pasado a su alrededor sin que él se haya dado cuenta. Entonces, en una solitaria esquina, descubrió el cadáver tieso del pollo, flotando iluminado por los primeros rayos del sol. Constriñó los parpados y se lamentó; pero no por no haber podido ayudarlo, sino porque instantáneamente, descubrió que el primero en ir a la olla iba a ser él y no el pollo, ahora que se había quedado sólo.
Efectivamente, con el fenómeno del niño, ese 15 de febrero del 2004, hubo escasez de alimentos en el mercado del pueblo, y la dueña de la casa agradeció a Dios que su pato haya sido el único animal en sobrevivir y rezó una oración diferente a la hora del almuerzo.

Moraleja: Nadie conoce su destino, por eso debemos de vivir en paz y armonía con todos nuestros semejantes cada día de nuestras vidas, como si fuera el último.
(A mi sobrina Yomira)

1 comentario:

Leunam dijo...

Excelente cuento para niños, me gusta.