domingo, 30 de noviembre de 2008

¿Han llorado por ti?

En mi imaginación me dijiste más palabras, hoy te escucho sólo en mi adolorido recuerdo. Te escribo una más de las 500 cartas que te envié y no te envié, las que te escribí en email y las que por falta de tiempo te escribí sólo en mi mente, con la nostalgia desbordando en mi mirada perdida. Y claro, sólo tú entenderás lo que quiero decir, y de seguro también la única que intente hacerlo, con esas mimas ganas que siempre deseé de alguien más que no seas Tú. Tal vez mi voz llegue a ti como el vuelo de un insecto (cualquiera) directo hacia el cristal de una ventana cerrada, pero eso sí, un cristal hermoso por su transparencia. Y te escribo imaginando tu linda mirada leyendo estas palabras, e intento cerrarte aún con un beso los párpados. Quise armar una caja de cartón y forrarla de varios colores con papel lustre, para que ahí guardes todas las emociones que siempre coleccionas sin darte cuenta, pero temí que lo uses para guardar melodías que yo nunca podré crear. Sí, soy de esos sujetos. Me imaginé a tu lado interpretando las letras de las mil y un canciones que me regalaste y que nunca terminé de escuchar. Te lo propuse un día y me dijiste “no sé”, un no sé que fue como las palabras blancas en fondo blanco queriendo ser descubiertas al final de nuestras tantas olvidadas cartas. No sé por qué pero cada vez que te imaginaba, extrañamente aparecías a mi lado sentada en las gradas de una escalera, sonriéndome, con tu cabello suelto rozando mi hombro, acariciándolo. Tal vez porque el camino que había que seguir para estar contigo era así, podía llevarme al mismo cielo, o hacerme caer a un profundo abismo, por no decir al mismo infierno, sabes por qué, pero te quiero y siempre te querré, disculpa por hacerlo, tal vez sea la última vez que te lo diga, así en carta, tal vez la próxima vez que te vea, te lo escriba, así en el aire, como lo escribo ahora en este octavo o noveno cuarto, donde tu nombre sigue siendo lo único que respiro. Intenta no alegrarte y entristecerte a la vez. Me rio pensando en tú y yo, imaginando a Milena y Kafka, imaginando a Louise y Flaubert. Qué raro, no te lo había dicho pero te juro que de ellos dos, sólo he leído el primer capítulo de sus más importantes obras, después las abandoné, tal vez de la misma forma en la que tú me abandonabas y me abandonaste en definitiva. No diste vuelta a la página, cerraste el libro de mi amor sin importarte lo que podrías vivir después, sin importarte lo que podría hacer y dar por ti. Lo viste complicado o te bastó con las primeras líneas de mis sentimientos para adivinar que jamás te llenarían… Linda. Es así como siempre te decía. Creo que ya ha pasado un mes desde la última vez que te lo dije en una carta y me pregunto con nostalgia, respirando, si me contestarás de inmediato, dulce, como la última vez cuando la inspiración no nos perdonó. Mis días ya no son los mismos, con decirte que he cambiado la manzanilla por el café del mismo modo en que por necesidad intenté olvidarte. No voy a decirte si lo logré. Aunque debo confesarte que hubo días en que te extrañé muchísimo, con urgencia de leerte como si te escuchara. Imaginándote…El día que fui casi de tu mano a escuchar mi mención honrosa inscrita en un diploma, conocí a una poetisa de ojos claros y casi me enamoro de ella, lo confieso, me habló de poetas que yo nunca había escuchado, me habló de libros, canciones y películas y me recomendó emocionada que vea “La sociedad de los poetas muertos”, pero le hizo falta conocer a un grupo de los que a ti tanto te gustan para poder arrancarte de mí. Jamás en su vida había escuchado de La Buena Vida. Me despedí de ella como si sólo hubiese estado sentado a su lado escuchándola unos cuantos minutos, sin pedirle su número celular ni su correo, ni nada... Quiero despedirme para siempre, estar enamorado de ti me recuerda que la inspiración puede hacer de un texto algo muy hermoso para todos, lo siento por intentarlo, pero no debo distraerme más, hoy pendo de un hilo... Te deseo felicidad. Te habrás dado cuenta ahora que dos veces he ensayado ser tu amigo y no he podido, lo aparento, he confirmado ser tu pretendiente, no sé de todos los que tienes, cual, pero recuerda que sólo soy el que te sigue queriendo mucho.

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